Tres Poemas de Diego Torres
Leche y canela
El aroma de avena con leche y canela de mi infancia dejó una semilla.
¿Cuánto puede viajar una semilla? El tiempo no la domina.
Sí domina al hombre.
La semilla se ríe del caos y los titanes, viaja y alumbra. ¿Cuándo quiere? ¿Cuándo le
toca? ¿Quién decide si aún es semilla?
Es la forma más tonta, lista para liberar movimiento y voluntad.
Va en línea recta en caminos torcidos; hace que me repita.
Me obsesiona ser parte, pero yo estoy atado y mi padre me devora.
Solo quedará la semilla.
Viajará sola. ¿Hasta cuándo quiera? ¿Hasta que le toque?
El deseo
Aparece solo.
No se invoca ni se le ordena irse.
No me necesita para sufrir, para gozar.
Puede ser cruel, puede ser bueno. ¿Existe él o existo yo?
La copia de una copia de una copia.
Su impalpabilidad me aflige.
Quiero lastimarlo, dejarle una marca. ¿Algo?
Intervenir, desvirtuar,
imagen, imperfección.
Intervengo, soy.
¿De verdad?
¿Queremos?
¿Nos corresponde?
La voluntad es un extremo, el deseo, el otro.
Delicia y misterio.
Leche de Tiger Woods
Quiero que sea grotesco porque
también me habita.
Un montón de cosas me habitan.
Quiero que sea divertido.
Ándale, ándale, ándale, arriba, arriba, dice el Speedy.
Yaba daba, el Pedro.
¿Y qué chuchas digo yo?
He ahí el dilema.
De nuevo el puto problema del Hamlet.
No se avanza pero se goza.


