Tres poemas de Michaella Bernal

Ontología del  deseo, enero del 26

Uno:

Entierra una vasija en mi vientre
donde nacen las olas

Entierra una vasija en mi vientre
cose mi barro

memoria a memoria

y luego dame el silencio
para quebrarlo

¿A qué suena el sol debajo de la sangre?

No soy más que una ausencia con lengua
que conduce de la mano

a un dios rojo

que esculpe estatuas bajo la piel

que dice cree en el vacío
y habrás creado a dios

Entonces escribo

y una criatura deseante se derrite

en mis manos

engendro a dios

me precipito

caigo

hago el amor con su sangre
me vuelvo lenguaje

Entiende, no me ames
solo seré consumada por el sol.

Dos:

No me invoques
deséame

Salí de tu caída
del golpe de tu sangre

contra el silencio

Me diste forma
con la boca abierta
y el cuerpo retorciéndose

No te ofrezco salvación
también tengo hambre

Cuando el sol me consuma
volveré al barro
a la vasija

al lenguaje

No me invoques
deseame.

Naturaleza mítica, enero del 26

A veces abrazo en secreto al pino del jardín de mi madre.

—Soy tuya— le digo, y él se estremece.

Quisiera ganarme su silencio, alzarme en el vientre negro del cielo, ser esa clorofila inmaculada.

Una fiera imposible se retuerce en mi garganta; cuando sueño y canto, soy ella.

La sangre me hierve, la altura me embrutece, la montaña me embrutece, el frío me embrutece.

Me desnudo, camino de puntillas, bajo las gradas del jardín. 

Llevo mi sangre en una batea floreada, voy a ofrendarla al pino:

—Límpiame— le digo.
Descanso en vos, porque vos descansas en mí desde antes de nacer.

Sí: recuerdo que fui árbol, recuerdo que fui agua, recuerdo ser la polilla que me visita en cada luna.

Y esa vastedad me desahucia.
Entonces, cuando ya no cabe una estrella más en mí:

 sangro
riego mi sangre en ti
pino perezoso
pino dormido
recuérdame
despiértate en mí.